Romero.pcx (1469503 bytes) LA PREGUNTA POR LA TECNICA
DEL PSICOANALISIS

Ricardo Díaz Romero

Colección la clínica en los bordes
Ed. Homo Sapiens

CONTRATAPA
Este libro comienza con el comentario de un hallazgo, de un azar. El Miércoles 18 de Noviembre de 1953, a mediodía, Lacan inauguraba en el Hospital de Sainte-Anne lo que iba a constituir el núcleo de su enseñanza, es decir eso que conoceremos como su Seminario; y lo inaugura con una pregunta: la pregunta por la técnica psicoanalítica. Y ese mismo Miércoles 18 de Noviembre de 1953, en Munich, Martín Heidegger pronuncia una conferencia que se ha conocido como "La pregunta por la técnica".

¿Habrá sido obra del azar? ¿Estaría en ese tiempo del pensamiento atravesado por esta preocupación? ¿Lacan, habrá tenido conocimiento de ese proyecto de Heidegger y decidió seguir sus interrogantes, como lo hará en otras ocasiones? Lo que importa es que Lacan, en su "retorno a Freud", va a interrogar a la técnica del psicoanálisis con los elementos de "La pregunta por la técnica", y quizás no sería desacertado, en una nueva vuelta, que comencemos interrogando a la técnica con las preguntas que surgen de esa coincidencia temporal, y que por ese mismo sesgo, abramos los interrogantes que pudieran llevarnos al encuentro con nuestra propia concepción de la técnica, la que nos sitúa en nuestro acto, como analistas.

Introducción a un recorrido tras de "La Pregunta Por La Técnica Del Psicoanálisis".

Lo que es expulsado en el orden de lo simbólico, retorna desde lo real.

En este aforismo Lacan ha demostrado tener el astuto de una escritura de lo real mismo en tanto no cesa de evidenciarse y de insistir en cada momento, y a la vez no cesa de no inscribirse. Este aforismo dice lo que les ha sucedido a los psicoanalistas - y al psicoanálisis, ya que no hay más psicoanálisis que eso que hacen los psicoanalistas- con la pregunta por la técnica.

La pregunta por la técnica ha sido expulsada, y ahora podemos encontrar por todos lados que ha retornado de la peor manera, a saber bajo la forma de oferta de todo eso que significa tecnificación, tecnología, es decir aquello que Heidegger llamará las "técnicas modernas" y a las que Lacan atribuyera la ambición de forcluir al sujeto como lugar o punto de manifestación del inconciente.

Dado que aquellos con quienes sostengo una interlocución son, preferentemente, lo que se llama analistas lacaneanos, es de ellos que me ha llegado esa enseñanza, esta dura enseñanza que me permite decir sin ambages y sin temer ser injusto, que ellos expulsaron durante mucho tiempo una parte de "la pregunta por la técnica": me refiero a la palabra "técnica", lo que llevó a que se escuchara: la pregunta por... la práctica, la clínica, el acto, el método sin que, es preciso deducirlo de sus efectos, haya habido un efecto metafórico de pregunta por la técnica. Por ello es que he dicho expulsión de lo simbólico.

Otros analistas no han expulsado la palabra "técnica" -muy por el contrario, no se han privado para nada de su uso-, pero ellos me han permitido escuchar y leer que de "la pregunta por la técnica" ha sido expulsada la primera parte: "la pregunta por". Ellos no vacilaban en su creencia de tener una técnica, de poseer una técnica, de disponer de una técnica, de aplicar una técnica e, incluso de enseñar una técnica, pero, insisto, no me han permitido saber que entre ellos tuviera un lugar simbólico la pregunta por la técnica.

He sido sorprendido por la constatación que tanto la expulsión en lo simbólico de la primera parte de "la pregunta por la técnica", cuanto la expulsión de la segunda, ambas, han recibido ese retorno de lo real que he caracterizado como la tecnificación, la tecnología, la "técnica moderna".

Pero ese retorno se ha manifestado de modo diferente en uno y otro caso: en el primero lo ha hecho bajo la forma de esa seductora amenaza que, llegando como desde "afuera" del psicoanálisis y su institución, hace relampaguear unos brillos y los ofrece a cambio de desechar lo que constituye el nódulo de la enseñanza de Lacan. (esos brillos titilan en las puertas semientornadas de hospitales, salud mental, pre-pagas, obras sociales, planes de salud, laboratorios, Colegios Profesionales).

En el segundo caso ha sido desde "adentro" que se presentó el retorno, como es el caso de un ex presidente de la institución más representativa que manifiesta sus esperanzas en la psico-biología o en las neuro-ciencias.

Además, en ambos, se encuentran atisbos de proyectos de relación con los Estados. No importa que entre los primeros sea bajo el modo de respuesta a una supuesta intromisión del Estado en el psicoanálisis y que entre los segundos sea una propuesta para una posible intromisión; lo que en ambos se hace presente es un fantasma que plantea que habría una verdad en otro lugar que en aquel donde la verdad del sujeto se nos escapa todos los días: es decir en una escena montada por el método freudiano.

A mi entender, la propuesta freudiana de un psicoanálisis "laico" no querría decir otra cosa que esto: no vayamos a buscar a otro lado la verdad que se nos escapa, no faltemos a la cita allí donde nos espera alguien que ha aceptado -en función de la transferencia quizás- que no es preciso creer en el método sino que solo es preciso apostar al mismo; no esperemos que de una tecnología nos llegue la verdad del sufrimiento de nuestro paciente, si nosotros disponemos de las técnicas de un arte del diálogo (1), de una Téchne que, como tal no es sino un modo de dar lugar al desocultar. Y que por lo que parece, solo nos exige que volvamos una y otra vez a... la pregunta por la técnica. Solo eso, pero nada menos que eso.

Y eso es, precisamente, lo que he intentado a lo largo de este libro siguiendo lo que Lacan nombrara como el único modo legítimo de hablar de técnica psicoanalítica (2).

(1) J. Lacan - Seminario I - Paidos - Buenos Aires - p 14.

(2) Mi agradecimiento a los miembros y participantes de la Escuela de Psicoanálisis Sigmund Freud que acompañaron -con su presencia, sus preguntas y sus críticas-, este recorrido, a lo largo del año 1996.


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