La vejez: Otra mirada
Dra. Alicia B. Pedro
 

“La vida tiene un solo sentido, poder jugarla y jugarse la vida tiene algo de apuesta”. J. Lacan 

La vejez dependerá exclusivamente de la edad cronológica?.

 Considero que se trata de un estado de espíritu. Hay “viejos” de 20 años y “jóvenes” de 90. Es una cuestión de generosidad del corazón, pero también una manera de conservar dentro de nosotros la suficiente complicidad con el niño que hemos sido. Uno se muere, solía decir Francois Dolto, cuando ha terminado de vivir y, para ella, vivir era sinónimo de actividad. Cada uno vive de manera singular una vejez que echa raíces, mas allá de todo un itinerario de vida, en la infancia de cada cual. Cada uno conserva dentro de sí, como mediador de palabra, la imagen de quien lo ayudó inicialmente a vivir, hablar, amar. La supervivencia de cada uno se debe a la existencia de un ser amado, se trate del padre idealizado de la infancia o de una madre idealizada que desapareció. Lo que hay de vivo se aferra así a una imagen del pasado. En el caso de la tercera edad estos seres generalmente ya no viven, por lo que, en muchas oportunidades hijos o nietos ocupan ese lugar.

.Mannoni, trae los dichos de una mujer internada en una institución geriátrica, en Francia:

“A nuestros hijos los criamos mal. Hicieron carrera, vienen a verme, pero se han olvidado de jugar. Sólo tengo gente digna a mi alrededor, necesitaría una pizca de locura…” Lo que esta mujer pedía al cabo de 20 años de viudez ,era no sólo un contacto táctil sino también y fundamentalmente una mirada. Pero esta búsqueda estaba destinada al fracaso pues lo que recibía nunca era lo que esperaba. Es decir un soporte que la ayudase a vivir, desde el lugar en que estaba se sentía como fotografiada…”

Dice una paciente que llamaré  Mercedes:”Con los tuyos son 8 los ojos que me miran… Cuánta exigencia!  No me miran, me escrutan.

El tratamiento se inicia con una entrevista previa solicitada por sus dos hijos. Éstos utilizan términos como “demencia”, quizás “Alzheimer”, que Mercedes no es la de antes…”Cuando la conozco, me encuentro con una persona inteligente, reflexiva, que se pregunta, plantea y también se reprocha algunas fallas mínimas de memoria. También aparece otro reproche en relación a sus hijos: “que hacen por ella…Cómo le han pedido un turno ellos, si era ella la que pidió venir…! Además refiere el peso de una exigencia que aparece como intolerable: que sea lo que nunca fue, que haga gimnasia, que salga…Estoy tan cansada, dice,y se pregunta: y mis ganas qué?

Con el correr de las entrevistas lo que aparece es que Mercedes se encuentra deprimida, con su marido enfermo, a su cargo y con el “control” de sus hijos sobre sus espaldas…

Mercedes .ha tenido varios tratamientos anteriores, sabe de qué se trata, desde el comienzo arma su historia, se escucha, comenta. Sus hijos sostienen económicamente el tratamiento, esto le pesa, la culpabiliza, se pregunta; esto les dará derecho a exigir, entrometerse?

Ella controla el horario y con frecuencia repite la pregunta: ya es la hora? Si escucha ruidos en la sala de espera se apresura para irse. Le señalo que es su tiempo y pregunto por qué cede su lugar, como lo ha hecho tantas veces en su vida?

Sus hijos llaman, quieren saber sobre su madre. Respondo que es su tratamiento y su decisión. Lo consulto con ella. Accede a que los reciba. La siguiente entrevista me dice: “si no me preguntabas no venía más…”

Dice Maud Mannoni: “en la actualidad se tiende a considerar al enfermo como mero objeto de cuidados, cuando para él es crucial que se privilegien los momentos en que puede interpelárselo como sujeto”. “El ser humano se sostiene hasta el final de la pregunta: Qué me quiere el Otro? Lo angustiante es el no sé (lo que soy para el otro). Aquí es donde la mirada del otro aporta al sujeto seguridad o inseguridad. En efecto, el sujeto se sostiene de la mirada y la voz del Otro

El fantasma de la vejez proyectada en el futuro remite a la infancia (y a los brazos que nos acogen)

Dice Hugo Mujica:”Hay gestos, palabras o dones que tocan o llegan hasta un hueco que llevamos en el corazón, un vacío que no es carencia sino posibilidad, espacio de recepción de todo aquello que es afecto, don, gratuidad. Todo lo que vale porque no tiene precio.”

Asunta:

Se me solicita evaluar a una anciana que está internada en un geriátrico. El motivo de la misma es el pedido realizado por la Institución en la que se encuentra. Constan numerosas notas: de la dueña del geriátrico, la trabajadora social y el médico del mismo. Refieren “dificultades de adaptación”, “falta de diálogo”, “no escucha, es irónica”, “muestra de superioridad”, “evalúa el trabajo ajeno y somete a críticas constantes a todo el mundo”. “Episodios de agresión verbal”. “sus compañeras se quejan de ella” y hasta encuentro un pequeño escrito de la enfermera que cubre el horario nocturno que señala. “tiene por costumbre bañarse, sola, a la madrugada.”

Todos coincidían en que debía ser trasladada a una Institución con atención psiquiátrica ya que descontaban que presentaba trastornos psiquiátricos y psicológicos.

Me dirijo al expediente donde figura una solicitud de su puño y letra, copio textual: “solicito mi internación debido a encontrarme muy enferma, contar con un haber previsional mínimo, no tener hijos y no poder atenderme sola.”

Llego a la Institución y me encuentro con una mujer muy erguida en su silla, de grandes ojos celestes y actitud digna y amable. Comenzamos a conversar, me cuenta que es nacida en Entre Ríos, descendiente de alemanes e italianos. Habla de su infancia dura,debido a la rigidez de sus padres (partidarios del régimen nacional socialista ). Dice ser óptica de profesión, haber trabajado y haberse autoabastecido siempre y que, lamentablemente, debido a su artrosis, ya no puede hacerlo.

Infiere que debe haber quejas sobre ella por parte de varios miembros de la Institución. Respondo afirmativamente evitando los detalles y entonces reconoce que no es fácil convivir con ella debido a que le resulta imposible fingir o callar. Se define a sí misma como defensora de la verdad y la justicia, como su padre, sabiendo que esta actitud trae dificultades.

Se muestra en todo momento lúcida, coherente, activa. Cuestiona ciertos aspectos institucionales pero, a pesar de ello, dice querer continuar allí.

Habla de su fuerte personalidad y reconoce sus limitaciones y también el nivel de exigencia consigo misma y con los demás.

En el medio de esta conversación me va comunicando qué es lo que le gusta de mí, de mi atuendo, de mi actitud y qué es lo que no le gusta tanto.

Finalmente mi evaluación concluyó en que no era necesaria derivación alguna pudiendo permanecer allí, como era su deseo.

En la actualidad, pude contactarme nuevamente con Asunta, ahora postrada permanentemente en cama, en la misma Institución, algo más dócil y levemente demenciada, con algunos trastornos mnésicos. Pero me relatan una anécdota que habla de que, a pesar de todo, todavía continúa siendo la misma.

Al encontrarse postrada, se le propuso que cediera un poder a álguien para que pudiera cobrarle su jubilación, ante esta propuesta, y luego de varios intentos fallidos, Asunta dijo “que eran todas personas tontas y que encima tendría que pagarles…”

Finalmente la situación se resolvió, el día de pago, una asistente del geriátrico la acompaña, la sube a un taxi y en esta época de crisis y bancarización Asunta consiguió que un empleado bancario salga y le abone sobre el auto. Un ejemplo digno de ser contado en este momento.

Dice Mannoni: “El hombre, llamado a morir un día, tiene frente a sí dos perspectivas; la resignación o la rebeldía hecha de un deseo de vivir lo que queda por vivir.”

Las grandes épocas fueron los grandes sueños, las épocas, los hombres. Cuando una vida no sueña tampoco puede despertar.

 Mannoni continúa: “Los ancianos no son tratados como sujetos, sino como niños objeto de cuidado y a los que se les pide silencio. Al paciente se lo tolera si se calla. Los ancianos de “buen puntaje” son los pasivos y los que duermen todo el día. Nada se quiere saber de los perturbadores, cuya protesta tiene sin embargo valor de verdad.”

“Se suele juntar a la gente cuya muerte se aguarda, en espacios comunes, juntar a la gente en función de su muerte es, para los vivos, privilegiar a la muerte en relación con la vida.” 

En la película “La Leyenda de 1900” el personaje dice:”nunca estarás muerto mientras tengas una historia que contar y álguien a quien contarla”.

El drama de muchos ancianos perdidos en sus referentes es que ya nadie les habla y entonces no encuentran palabras para expresar su desasosiego. El aislamiento contribuye a deslizarlos hacia un imaginario regresivo, donde, solo el recuerdo del pasado puede aportarle alguna satisfacción. La persona de edad, cuando se da cuenta que ya no puede operar como antes sobre el mundo ambiente,  no tiene más elección, parece, que retirarse (del mundo) a la depresión. Se crea una situación tal en que el individuo aislado acaba renunciando a entablar una relación consigo mismo. La angustia puede traducirse en agitación, en interpretaciones paranoides. Existen formas de demencia que son, así , resultado de un doble encierro: el del sujeto en el interior de sí mismo y el del otro que ya no intenta comunicarse con él.

La vejez podría constituír un momento feliz de la vida en que la memoria se ejercería como “recuerdo” de una historia pasada para transmitir a las generaciones futuras. Lo

que se vivió adquiere entonces sentido en función de los otros. Los nietos y biznietos pueden servir a menudo de nexo entre las generaciones. Si no existe una familia, los amigos pueden sustituírla. Si la familia existe, sabemos que las mejores relaciones son siempre aquellas donde se mantiene cierta distancia.

“El que no recuerda, escribe Víctor Hugo, está más muerto que los muertos”

.Todo hombre y toda mujer ha sentido siempre ser infinitamente más que lo que puede llegar a ser. Por eso habita más en lo que desea y espera que en donde está y llegó, busca más lo que vislumbran sus ojos que donde alcanzan sus manos. Construye su presente no sólo recogiendo su pasado, sino, y sobre todo, acogiendo, imaginaria pero efectivamente el futuro”. El tema en la tercera edad es de qué se trata este futuro?

El problema del deseo es algo que el hombre tiene que situar, encontrar, a lo largo de toda su vida y con gran frecuencia a sus expensas.

Los duelos sucesivos que fue llevado a hacer se cumplen bajo la forma de objetos que se le desprenden: pezón, excrementos, mirada, voz. Según Lacan : ”Lo que queda de estos objetos de los que el sujeto acepta separarse, es una marca, marca de un significante, que lo extrae de un estado primero para llevarlo, para identificarlo con una potencia de ser diferente, superior”.

F. Dolto dice que esta teoría del deseo se funda en duelos sucesivos que se deben cumplir en cada etapa de la vida para alcanzar la plenitud de la etapa siguiente.

 En la vejez ya no hay esperanzas de una ganancia (por ejemplo: el paso de la adolescencia a la edad adulta) sino que la etapa siguiente un día resulta ser la muerte.

En esta etapa, este trabajo de duelo de lo que uno fue,precisa sostenerse de una dimensión narcisista idealizada, es decir, que aún degradado el sujeto esté seguro de que hallará en el Otro un garante.

Según Lacan: “La muerte es lo real que se impone como obstáculo al principio del placer”

Aunque la muerte evoque lo inasimilable del trauma, de todas formas nuestra vida sigue estando ligada a la muerte de quienes nos dejan y de esta muerte se puede hacer algo vivo. El renacimiento se instala sobre el fondo de una ausencia eterna del ausente.

En 1915 Freud sugiere que reservemos a la muerte el lugar que le corresponde: “Si quieres soportar la vida, añade, has de estar dispuesto a aceptar la muerte”.

 Lacan, agrega:” morir es algo que os sostiene. Si no creéis en ella, acaso podríais soportar la vida que tenéis? Es la certeza de que esto acabará lo que os permite, soportar esta historia…La muerte es un acto de fe” Esta muerte, emparentada con lo innombrable, deja al sujeto sin palabras. Lo que sí podemos nombrar, se nos revela en los sueños donde volvemos a hallar el paso a una simbolización con sus leyes.

Por eso de lo que se trata en el presente de la persona añosa es la rememoración de una vida vivida con el ser amado. 

El inconsciente mantiene distante a la muerte pero tampoco otorga lugar a la vejez. La vejez al “apoderarse”de nosotros, siempre lo ha hecho de manera inesperada. 

Stella tiene 76 años, y es traída por su único hijo G. Él es quien realiza una primera consulta acompañado por D, su pareja.

Stella se presenta insegura, tomada por la ansiedad, titubeando, no pudiendo terminar la frase que ha comenzado. Se queja de insomnio persistente y trae un largo listado de psicofármacos con los que se encuentra medicada. Cuenta que vive en un departamento con su esposo, quien desde hace más de 10 años padece una enfermedad neurológica que lo tiene postrado pero lúcido y coherente.

Una persona asiste unas horas, supuestamente para “liberar” a Stella de esta responsabilidad. Sin embargo, ella permanece en su casa asistiendo a la asistente: “nadie puede con E, su marido. Nadie lo atiende como ella”

Iniciamos las entrevistas, su hijo la acompaña, espera en la sala de espera y la lleva a su casa .Comienzo a disminuír la medicación paulatinamente. Recién allí Stella puede reconocer que está cansada de esta situación que vive desde hace tanto tiempo.

Llegados a este punto, Stella comienza a hablar de otras cosas. Por ejemplo de su hijo, su separación, hecho que aún hoy le cuesta digerir, de la nueva pareja que formó, etc. Reconstruye esa historia :dice que veía muy triste a su hijo y que él respondía “estoy cansado” ante sus preguntas. De pronto, le comunica su separación. Stella dice que no se le había ocurrido nunca algo como esto y habla mucho de su nuera: “una muchacha tan buena!”, habla también de la relación entre ambas familias y concluye diciendo que en su familia esto jamás había pasado: “todos se casaron para toda la vida…” Durante un tiempo continuamos trabajando esto hasta que puede comenzar a reconocer y valorar a D, la pareja de su hijo: se ha portado siempre tan bien conmigo, me ha ayudado tanto! Para concluír reflexionando que ve a su hijo nuevamente feliz e inicia una fructífera relación con D.

En ese momento, accede a lo que resultaba impensable para ella, la posibilidad de un geriátrico para su esposo, en el que otros puedan ocuparse y ocupar, en parte su lugar y ella ocuparse de otras cosas y desempeñar para E también otra función, la de visitante diaria e infaltable que le lleva las vainillas o los alfajorcitos “que tanto le gustan” y se los da a comer en la boca como nadie del geriátrico puede hacer.

Aquí me pregunto de qué separación estuvimos hablando?

Luego comienza recién entonces, a historizar su vida, el inicio de su relación con E, se remite a su padre, sus hermanas, etc.

Se permite dejar a E, durante 4 días y viajar con su hijo a conocer a la familia de su nueva nuera.

En este momento concurre sola al consultorio, llama por teléfono si tiene alguna duda, ha comenzado a hacer consultas referidas a su salud, que tenía postergadas, y ha iniciado tratamientos al respecto, habla de su temor a quedarse dormida por la mañana y manifiesta su deseo de dejar toda la medicación alguna vez, proceso en el que nos encontramos. 

A veces la vida nos sacude, a veces ella misma parece sacudirse en nosotros. Lo cierto es que el hombre crece a saltos. Este combate o lucha con la vida, cuando se entabla, cuando estalla se llama crisis.

La raíz de la palabra crisis es skribh y tiene relación con cortar, separar, distinguir. De allí deriva crisol, recipiente en el que antiguamente se ponía el metal sobre el fuego, el oro por ejemplo, para que el calor separe el metal precioso del impuro, lo bueno de lo malo, lo claro de lo turbio.

Por eso podemos decir que crisis es el conflictivo encuentro entre lo nuevo y lo viejo, lo que ya fue y lo que quiere ser. El desencadenante ,siempre inesperado, singular, es para todos, es la vida misma. Pero es en cada uno porque es lo que nos va haciendo únicos, lo que nos va dibujando el propio rostro.

La realidad nos incluye como su posibilidad de ser otra cosa que lo que ya es, ser lo que nosotros hacemos de ella.

Según Hugo Mujica” entregarse a la novedad y al riesgo de lo que depare el futuro es una manera de que el presente nos permita ser lo que nosotros hacemos de él…”De esto se trata en el tratamiento de las personas de edad: Creer es crear. La esperanza agrega lo posible a lo real. Fecunda.

 Lo que persiste hasta el último día de la vida es la sensibilidad del sujeto a los efectos de la palabra y estos efectos siguen siendo hasta su último suspiro, efectos del significante.  

Bibliografía 

Lacan,Jacques. Seminario II  “ El Yo en la Teoría de Freud y en la técnica Psicoanalítica” (1954- 1955) Editorial Paidós.

Lacan, Jacques “Conferencia en la Universidad Católica de Lovaina” 13/10/1972. 

Lacan, Jacques Seminario XI “Los cuatro Conceptos Fundamentales del Psicoanálisis”. Editorial Paidós. 

Lacan Jacques Seminarios del 11/3, y 8/4 .1959. Inéditos. 

Mannoni, Maud “Lo Nombrado y lo Innombrable” Nueva Visión. Editorial Sud América. 1992 

Freud, Sigmund “Consideraciones de actualidad sobre la guerra y la muerte “. O:C: TII. Editorial Biblioteca Nueva. 

_Freud, Sigmund “Duelo y Melancolía”. O:C: TII. Editorial Biblioteca Nueva. 

Mujica, Hugo “Flecha en al Niebla”.Editorial Trotta. 1997 

Mujica Hugo “Noche Abierta”.Editorial Pre-textos. 2000.