Las cartas
La
ascesis freudiana: las cartas a Fliess
*
Por Éric Laurent
Luego de las más de mil cartas de amor que
escribiera a su futura esposa hasta el año 1886, un año después, Freud
comenzó su relación epistolar con Fliess. ¿De qué naturaleza es esa relación
que el inventor del psicoanálisis mantuviera durante diecisiete años en 284
cartas?
Eric Laurent narra un cuento de aventuras en
torno al descubrimiento y los secretos de las cartas, que nos recuerda los
famosos maletines -McGuffin- que todos intentan capturar en los filmes de
Hitchcock.
Critica después la lectura que hiciera el
psicoanalista americano Kris, quien en esta correspondencia veía sólo el
diálogo de dos amigos, para situar la respuesta que sólo Lacan pudo dar
respecto del objeto transferencial que Fliess ocupara para Freud; en sus
propias palabras: "un extraordinario trabajo del amor".
Si la
teoría freudiana no se inscribe naturalmente en el espíritu vienés, ¿de
dónde proviene? La relación con Fliess recuerda esta dificultad de
interpretación. ¿Es necesario ver en Fliess un amigo con el cual Freud
compartía un programa científico positivista antes que se separaran, o tal
vez, el gran Otro forjado para las necesidades del autoanálisis?
En
Freud existen tres correspondencias importantes. Primeramente la que mantuvo
durante sus cuatro años y medio de noviazgo (1882-1886); una carta por día,
aproximadamente, más de un millar de cartas que el actual presidente de los
archivos de Freud, Harold Blum, calificó en 1986 como la "más importante
correspondencia amorosa de la cultura occidental" [1]. Es el único juez,
puesto que esas cartas no han sido aún ni publicadas ni son accesibles.
Después está la correspondencia mantenida luego del nacimiento del primer
niño Freud, Matilde, (16 de octubre de 1887) con quien se transformaría en
su otro por excelencia. La primera carta de Freud a Wilhelm Fliess está
fechada en noviembre de 1887. Esta correspondencia durará 17 años, la
conforman 284 cartas de Freud, en la edición completa. Y finalmente están
las otras correspondencias, ya sea con Jung, con Abraham o con Ferenczi, por
nombrar las más importantes. Tienen diversos destinatarios, pero Freud
escribe desde una misma posición, la de fundador del psicoanálisis.
La
correspondencia con Fliess, contrariamente a la primera, no permaneció
inédita, fue publicada dos veces. Primero por su descubridor, como se dice
de un tesoro, en los años 50. Luego, en los años 80, según las reglas
universitarias comunes, integralmente. Solo la última edición tiene valor
testimonial. Las circunstancias del descubrimiento explican la primera
publicación. Ellas contienen los ingredientes de un cuento de hadas moderno,
y por lo tanto atroz: una princesa, las investigaciones científicas, un
viejo sabio judío, los nazis.
Nos
serán relatadas luego por Jones, pero con las cartas de la princesa como un
plus, en su biografía. Ocho años después de la muerte de Fliess, y tres años
después de que Adolf Hitler tomara el poder, el 30 de diciembre de 1936,
Marie Bonaparte recibe la oferta de un marchand de arte a quien la Sra.
Fliess le había vendido las cartas de Freud. Ella quería dárselas a la
Biblioteca de Berlín, pero como se quemaban los libros de Freud, entonces,
las vende. Freud, al enterarse le propone inmediatamente comprárselas y a
partir del 7 de enero de 1937 Marie lo rechaza: "las cartas y los
manuscritos me fueron ofrecidos con la condición que no las revendiera a
ningún precio a la familia Freud de forma directa o indirecta, porque
tememos la destrucción de ese material importante para la historia del
psicoanálisis". Marie alcanza a extraerlas de un cofre del banco Rothschild
en Viena luego de Anschluss, ante los ojos de la GESTAPO, para dejarlas, a
partir de 1914, en la delegación del Danemark, en París. Se vuelve a juntar
con ellas en Londres en 1945, y llegan a ser publicadas en alemán en 1950,
en inglés en 1954 y en francés en 1956, editadas como una bella formación de
compromiso por Anna Freud, Marie Bonaparte y Ernst Kris, precedidas por un
prefacio-guía de lectura de Kris, que es traducido con el resto. [2]
La
formación de compromiso logra la publicación de 168 cartas, una vez cortados
los pasajes que amenazan con contravenir la discusión médica o personal...
los esfuerzos que hizo Freud por captar las teorías científicas y los
cálculos de períodos elaborados por Fliess... ciertas circunstancias
familiares y ciertos incidentes acontecidos en el círculo de sus amigos.
Cuando 35 años más tarde las cartas fueron publicadas integralmente, primero
en inglés, luego en alemán [3], sabríamos que los "incidentes acontecidos en
el círculo de sus amigos", hace referencia sobre todo a las aventuras que
protagonizó Emma Eckstein, personaje central del sueño denominado "la
inyección de Irma".
Ahora
sabemos todo sobre la falta profesional de Fliess, sobre la forma en que
Freud quiso cubrirla, y también sobre el hecho que Irma se volvió luego
psicoanalista. Sabemos también que esas cartas no ocultan escándalos mayores
ni revelan sensación alguna. Sabemos también que el problema de la
traducción de esas cartas en francés es mayúsculo, que la traducción hecha
por una amiga de la princesa en 1956 resulta cada vez menos precisa. Sabemos
finalmente que el problema central que nos plantean esas cartas es el de su
interpretación.
Hay
que distinguir radicalmente la recepción que las cartas tuvieron en el mundo
anglosajón y en el espacio de lengua francesa. En lo que concierne al mundo
anglosajón, la lectura de Kris predominará hasta la publicación de un
artículo de Schur y la adopción parcial de las tesis de la "escuela
francesa" [4]. Del lado francés, la lectura propuesta por Jacques Lacan,
según premisas totalmente distintas a partir de 1955, es la más fecunda.
Para
Kris, en esas cartas de lo que se trata es de una discusión científica entre
dos sabios unidos por una amistad profunda. Freud nos lo había dicho, tenía
siempre la necesidad de un amigo y de un enemigo íntimo. La situación social
y científica de Fliess, otorrinolaringólogo berlinés apasionado por
hipótesis fundamentalistas eran muy similares. Freud lo encuentra por
intermedio de un amigo en común, el Dr. Breuer (cf. El caso Anna O.). El
culto del ideal científico del tiempo, el programa reduccionista de
Helmholtz-Brücke los une. En el momento en que Breuer se distancia de Freud,
este encuentra a su relevo. En medio de esta amistad científica, Freud
comienza su autoanálisis (verano de 1897) donde encuentra por primera vez el
Complejo de Edipo. Y es así que se produce la caída de Fliess: "Analizándose
a sí mismo Freud abre la vía a la comprensión de los conflictos de la
primera infancia, algo que implicaba una modificación de sus intereses
científicos... veía atenuarse en él la necesidad de explicar por factores
fisiológicos los procesos psicológicos... cada vez que había tenido
necesidad de información sobre las bases fisiológicas, Freud se dirigió a
Fliess... a partir de esta época, esa necesidad decrece". Freud puede
entonces darse cuenta hasta que punto las doctrinas de Fliess "se estaban
alejando cada vez más de los hechos y de la observación". He aquí el punto
de vista resumido de Kris, tal y como se expone en su introducción.
Para
Lacan se trata de otra cosa. Las relaciones Fliess-Freud no es una amistad
entre pares compartiendo el mismo saber, se trata de un amor del mismo orden
que aquel que se instalaba con sus pacientes, una transferencia. Freud
descubre a Fliess y "hace esfuerzos" por comprender las teorías de Fliess,
si "sobreestima" su saber sobre el sexo es para llegar a decir, a ubicar en
el interior de esta relación, lo imposible de decir sobre el sexo y su
falta. Es por esto que "no es para nada como intenta hacérnoslo creer Kris,
que Freud haya pasado del pensamiento mecanicista al pensamiento
psicológico... es siempre el mismo pensamiento que se continúa... pero
completa su esquema haciendo entrar allí algo totalmente diferente que es la
noción de información" [5]. A la energía constante, mínima que Freud hereda
del programa de Brücke, Lacan le da su verdadero nombre: "la entropía en
tanto que tal se realiza en este acto original de comunicación que es la
situación analítica". Al comienzo de su correspondencia con Fliess, Freud
reconstruye la memoria, el juicio a partir de la sensación, no considerando
el problema del encuentro con el objeto más que como un problema secundario.
Es en el curso de la conversación fundamental con Fliess que Freud encuentra
el problema mayor de la falta (la inyección dada a Irma), y el de la pérdida
de su padre (la falta (faute) de Edipo). Encontrará en sueños y en Irma y su
padre, lo que lo llevará a rechazar en primer lugar todo abordaje a partir
de la sensación para centrarse sobre el cerebro como "máquina de soñar". El
cerebro no es simplemente un órgano de homeostasis sino una máquina de
producir el símbolo y el encuentro. En términos contemporáneos diríamos que
Freud, según Lacan, describe que el cerebro, en su proceso primario procede
según algoritmos acabados que contienen en ellos mismos una condición de
imposibilidad. La reconstrucción mecánica de la realidad por Freud que
conduce no obstante al sueño, y al descubrimiento de su enigma, de su
ombligo, lo distanciará de Fliess.
En el
mundo anglosajón es Max Schur, médico de los últimos momentos de Freud cuya
amistad con la familia le dio acceso a las cartas en su totalidad, quien
será el primero en reformular la "amistad" Freud-Fliess. En su artículo de
1966 sobre las circunstancias del affaire Emma Eckstein, y sobre todo su
libro de 1972 La muerte en la vida de Freud, la describe más bien como una
transferencia tomando en cuenta, sobre todo, las manifestaciones somáticas
de Freud. Sin embargo retrocede en última instancia respecto del misterio:
¿"Cómo pudo desarrollarse una transferencia en el caso de Freud? Era su
propio analista y no obstante, la necesidad esencial, el deseo irresistible
de un objeto transferencial se manifestó en su autoanálisis y apareció en su
relación con Fliess" [6]. Esta idea de autoanálisis que Freud mismo califica
de "imposible" hace enigmática la presencia de Fliess. Hay que destacar que
la biografía de Freud de Peter Gay, aunque muy schuriana, insiste mucho más
sobre la alteridad psicoanalítica de Fliess (cf. nota 4). Lo que queda es
que solo Lacan responde a la pregunta de Schur sobre "el deseo irresistible
de un objeto transferencial" caracterizando el saber en juego en un análisis
como una "suposición" que no puede ser propiedad de ninguno de los
partenaires y mostrando su determinación a lo largo del análisis como valor
pulsional y lógico que termina por reducir a nada la hipótesis
transferencial.
Para
captar la ascesis de Freud en su larga relación con Fliess, tal vez, no hay
mejor palabra que la que Freud aplicaba al retorno de las cartas a manos de
Marie Bonaparte: "un extraordinario trabajo del amor". Todo análisis exitoso
lo repetirá.
Traducción: Liliana Bilbao
*
Este texto fue publicado en Magazine Littéraire, hors-série nº 1, FREUD et
ses héritiers, l'aventure de la psychanalyse, Paris, 2º trimestre de 2000.
En español fue publicado en La revista del psicoanálisis. Subjetividad de la
época, Año I/Nro 3/Septiembre de 2000/Versión Gráfica.
1- Citado en Gay, Peter: Freud, una vida de nuestro tiempo, Ed. Piados,
1989, especialmente el Cap.2.
2- Freud, Sigmund: nacimiento del psicoanálisis, edición establecida por
Marie Bonaparte, Anna Freud, Ernst Kris. ( ed.P.U.F. 1956)
3- Freud, Sigmund: The complete letters of Sigmund Freud to Wilhelm Fliess
(1887/1904), Translated and edited by J.M.Masson, ed. Harvard University
Press, London 1995. Un año más tarde, publicado por los mismos cuidadores en
alemán.
4- Leer los pasajes sobre Fliess como gran Otro de Freud en Gay Peter,
op.cit., así como el elogio de la biografía de Octave Manonni y las
frecuentes referencias al "autoanálisis de Freud" de D. Anzieu.
5- Lacan, Jacques, El Seminario, libro II, El yo en la teoría de Freud
(1954/55) Ed. Piados, 1992.
6- Schur, Max: La muerte en la vida de Freud, Ed. Gallimard, 1975, pág. 102.
Fuente:
http://www.eol.org.ar/virtualia/014b/default.asp?miscelaneas/laurent.html
|